Juan 10:27-30 " Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos."
Estas palabras tan maravillosas nos presentan la gloria de nuestra salvación y la grandeza del Salvador. Es interesante notar que cuando llegamos al corazón del evangelio, como en estos versículos, no estamos lejos de la doctrina de la Trinidad, un Dios en tres gloriosas Personas. Miremos lo que nos enseña bajo tres aspectos:
1) EL BUEN PASTOR NOS CONOCE
Cuando la escritura habla de Dios que nos conoce, implica primeramente su decreto eterno en que conoce todas las cosas antes de la fundación del mundo. Es la base de su actuar de predestinar y elegir. No es que él sabrá quien tendrá fe, y por lo tanto asegura que reciban la salvación. Es que su preconocimiento de su pueblo es el paso previo a asegurar su salvación. Mientras eramos todavía muertos en pecado Dios nos conoció. No responde a ninguna habilidad o mérito que se halla en nosotros, sino solo al beneplácito divino. Después llama a sus ovejas, ellas oyen su voz, y le siguen. Toda obra de su Espíritu.
A la vez el conocernos significa que sabe todas las circunstancias de nuestras vidas, nuestras debilidades y necesidades. Él es el sumo sacerdote a la diestra de Dios, quien ora constantemente por ti y por mí, para que perseveramos en la fe.
2) EL BUEN PASTOR SALVA A SU PUEBLO
Es Cristo quien fue concebido en el vientre de una virgen, es Cristo quien vivió en una familia humilde y creció en gracia, es Cristo quien predicó. Es Cristo quien vivió una vida perfecta, y nos viste en su justicia. Cristo fue a la cruz para llevar nuestros pecados, es Él quien resucitó y fue glorificado. Es la sangre de Cristo que abre un camino nuevo y vivo hacia la presencia de Dios Padre. ¿Qué hemos contribuido a nuestra salvación?
La única cosa que hace la oveja es oír y seguir. No hay mucho merito en esto. Toda la salvación es de el. Es su obra, fue su amor, su obediencia al Padre, su vida perfecta que nos justifica, su sangre derramada en la cruz.
3) EL BUENO PASTOR NOS GUARDA
Nadie nos puede arrebatarnos de su mano. Salvación es para siempre, basta que estemos siempre actuando como ovejas, escuchando y siguiendo. No solamente Cristo está involucrado en esta obra, también el Padre y el Espíritu. Cada persona de la Trinidad tiene su rol en asegurar que lleguemos a disfrutar de nuestra herencia en el cielo. Hay un cordón triple, que une nuestra alma a la ancla (Hebreos 6:19).
La única cosa que podemos hacer es doblar la rodilla y rendir infinita gracias a nuestro buen Dios, por su obra maravillosa, y gozarnos en su gracia. Sigamos adelante "porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza." Nehemias 8:10.
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