"SI JEHOVÁ NO EDIFICARE LA CASA, EN VANO TRABAJAN LOS QUE LA EDIFICAN" Salmo 127:1

"SI JEHOVÁ NO EDIFICARE LA CASA, EN VANO TRABAJAN LOS QUE LA EDIFICAN" Salmo 127:1
El hornero, símbolo de nuestras pampas

miércoles, 28 de abril de 2010

¡Qué suerte que existe la providencia divina!

Las frases '¡Qué suerte!' y 'Por suerte...' salpican nuestra conversaciones cotidianas, que aun los mismos creyentes caen en la trampa de atribuir los acontecimientos de la vida a esta misteriosa fuerza denominada 'La Suerte'.

Pero, ¿es cierto que existe la suerte y la casualidad? Es de esperar que la gente del mundo atribuyan los sucesos de la vida a cualquier cosa o influencia que no sea la de Dios. Se habla de las leyes de la naturaleza y desastres naturales cuando la Biblia testifica que en ocasiones Dios suprime o pasa por alta las leyes naturales y en otras ocasiones emplea las fuerzas de la naturaleza, como inundaciones, sequías, plagas de langostas y hasta invasiones de ejércitos enemigos, para lograr sus propósitos.

Las confesiones de fe confeccionadas por la iglesia en el siglo 17 declaran que todas las cosas fueron creados por un propósito, y que Dios administra las causas y resultados de modo tal que cumplan el propósito por las cuales fueron creados.

La doctrina de la providencia divina ha sido descuidada por lal iglesia moderna, de modo tal que hemos creado creyentes pusilánimes, incapaces de afrontar los acontecimientos adversos de sus vidas, que tiemblan delante de la falta de seguridad en su barrio o los muchachos con pasa montes que manifiestan en la plaza, y 'se arrugan' cuando sufren oposición por causa de su fe.

Dios no está solamente interesado en lo que sucede entre naciones, pero se preocupa también del gorrión que cae al suelo, y tiene contado los pelos de nuestra cabeza. Quiere decir que tu vida, y la mía, está en sus manos y él controla aun las detalles más pequeñas de nuestra existencia.

El uso de la doctrina:
  • Nos quita el temor, y nos da coraje para enfrentar la adversidad. El misionero, Juan Patton, quien vivía entre caníbales y cuya vida fue constantemente amenazada, vivió en paz porque sabía que Dios disponía cuando tenía que morir, no los hombres que le persiguieron. (Dicho de paso murió a edad muy avanzada.)
  • Nos posibilita adorar a Dios en cualquier circunstancia. Cuando hay sol y cuando hay tormenta podemos alegrarnos en el Señor sabiendo que todo viene de su mano.
  • Nos hace descansar en la sabiduría superior de nuestro Dios. Claro que no hubiéramos dispuesto que pasáramos por dificultades y problemas, la pérdida de un empleo o de un ser querido, pero Dios es mucho más sabio que nosotros.
  • Quedamos satisfechos con responder a la pregunta quejosa de "¿Por qué a mí. Señor?" "Porque mi buen Dios así lo dispone, y es para mi bien, y para su gloria."
  • Nos ayuda a deleitarnos en el Antiguo Testamento. Discernir la providencia de Dios en la historia de personas, especialmente los personajes menores, añade una dimensión nueva a nuestra comprensión de cuan grande y maravilloso es nuestro Dios.
Debo terminar aquí, porque estamos por ir a la reunión de oración. Me deleito en la providencia divina, y espero que vos también pueda hacerlo. Aleluya. Gloria a nuestro buen Dios.


domingo, 11 de abril de 2010

Como hacer lo imposible

¡La Palabra de Dios se contradice! O así parece si la leemos con descuido. Estoy pensando en varios pasajes de los profetas como Joel 2:12-14:

12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.
13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.

Jehová manda al pueblo pecador a convertirse. Sin embargo leemos en otros pasajes que el corazón está lleno de maldad, el hombre está muerto en delitos y pecados, que tiene un corazón endurecido, que espiritualmente somos ignorantes, insensibles, y con la mente entenebrecida. Después leemos en Juan 1:12,13 y 3:3-8 que tenemos que nacer de nuevo (ser regenerado o convertirnos) y descubrimos que es la obra del Espíritu.

Por lo tanto, por un lado hay las exhortaciones a convertirnos, y por el otro lado la afirmación de que la conversión es enteramente la obra de Dios. La metáfora empleada es suficiente para hacernos entender que, como en nuestro nacimiento, no podemos contribuir nada a nuestro propio nacimiento espiritual.

En el tiempo de San Agustín de Hipona hubo un monje inglés, Pelagio, que resolvió el problema enseñando que Dios no puede exigir nada de nosotros de lo cual no somos capaces de hacer. Por ejemplo no vamos a exigir a un niño de dos años que lea un capítulo de la Biblia, porque sabemos que no posee tal capacidad. Pero podemos insistir que no tire la comida al piso. En otras palabras Dios queda supeditado a nosotros y nuestras habilidades naturales.

Agustín entendió el peligro de esta enseñanza, y otras enseñanzas también erróneas de Pelagio, como el negar el pecado original, y enseñar que el pecado solamente consiste en actos y no incluye los pensamientos y actitudes del hombre. Por su estudio de las escrituras Augustín sabía que salvación es de gracia. Dios había intervenido en su propia vida de una manera tan maravillosa que nunca pudo dudar de la realidad de la gracia.

La influencia de Pelagio perdura hasta el día de hoy. Hay muchos creyentes que se cuidan de no cometer el adulterio, pero se olvidan de que Jesús condena la mirada de lujuria. Además hay una gran confusión entre inhabilidad y responsabilidad. Muchas creyentes suponen que responsabilidad implica habilidad. El predicador que dice a su congregación que puede convertirse con levantar la mano o ir al frente de la iglesia comete el mismo error. Intentaremos aclarar el asunto.

El hombre fue creado con habilidad de escoger entre el bien y el mal. Fue totalmente responsable delante de Dios por sus actos. Optó libremente, a la luz de lo que conoció de Dios, a obedecer a Satanás. Desde ese momento su voluntad se sometió a Satanás. Martín Lutero dice que la voluntad humana es un caballo cuyo jinete es el diablo. De ahí viene la inhabilidad de hacer el bien, o sea agradar a Dios con nuestros actos.

Sin embargo la pérdida de habilidad no destruye la responsabilidad. Cuando un hombre conduce su coche en estado de ebriedad causando un accidente fatal, la justicia lo tiene como culpable, aunque su abogado podría argumentar que siendo ebrio no pudo evitar el accidente. Es responsable, porque decidió tomar alcohol en exceso, sabiendo que está prohibido conducir con cierta cantidad en la sangre. Demostró que no pudo controlar su impulso de tomar alcohol, y cuando subió el coche, a pesar de su arrogante creencia que fuera capacitado a conducir bien, no lo fue.

Cuando Caín está tramando la muerte de su hermano, Dios le habla como persona responsable, advirtiéndole que el pecado le acecha listo para controlarle y destruirle.

Los profetas
constantemente
exhortan a Israel a convertirse, a volver a Jehová, a arrepentirse de sus pecados. Israel (tanto el reino del norte como Judá) es juzgado porque niega hacerlo, sin embargo Dios salvó a Ninivé cuando todo el pueblo se arrepintió de sus pecados.

El hombre bajo la influencia nefasta del pecado siente capaz de enfrentar cualquier situación. El borracho seguramente, antes de salir de la fiesta, insistió a sus amigos que pudo manejar su coche sin ningún problema. Sentía capaz de hacerlo. Caín en su arrogancia pensó que no necesitaba a humillarse y pedir ayuda de Dios. Estaba en control de su propio destino. Sin embargo en esta jactancia estuvieron las semillas de su propia destrucción.

Santiago 4:6-10:
6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice:
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.

La respuesta bíblica es emplear los medios que Dios ha provisto. Es nuestra responsabilidad venir a Cristo, en humilde sumisión, para pedir de él lo que no podemos hacer por nuestra propia cuenta. Es de Cristo recibir el pecador que viene y hacerle una nueva criatura. ¡Gloria a Dios!