Números 14:24 Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.
Esta mañana en nuestro devocional conversamos acerca de este versículo, y la pregunta que surge naturalmente es ¿cómo es que los demás Israelitas no tuvieron el otro espíritu que tuvo Caleb?
Posiblemente se acuerdan de las circunstancias, los doce espías han vuelto de su misión, y diez de ellos están en contra de subir a la tierra prometida. Solamente Caleb y Josué tienen una actitud positiva, y dicen que Dios les ha dado la tierra.
La pregunta va a la médula de nuestra religión, porque todos los israelitas habían visto las maravillas de Dios. Todos fueron rescatados de Egipto por la mano poderosa de Dios, todos vieron los cadáveres de los egipcios en las playas del Mar Rojo, todos comieron del maná y bebieron del agua de la roca. Entonces naturalmente, podríamos suponer, estarían bien dispuestos a arriesgar sus vidas a favor de un Dios que podría intervenir y pelear sus batallas, y darles la tierra prometida.
Básicamente hay dos respuestas. Algunos dirán que está en cada hombre la habilidad de escoger el bien o el mal, y así enalteciendo la excelencia de Caleb. En otras palabras el 'buen espíritu' es producto de la gracia natural que se halla en todo hombre. Enaltece la habilidad humana y glorifica al hombre que escoge el bien. Pero queda sin resolver el problema de porque los demás escogieron el mal cuando hubo tantas pruebas que tendrían que haberlos convencido a tener fe, teniendo la misma habilidad de Caleb a hacerlo.
La segunda respuesta es que el 'buen espíritu' es nada más ni menos que el fruto de la regeneración espiritual. Que Dios había escogido a Caleb (y los demás que tuvieron el mismo espíritu, como Josué) y por eso ejercitaron la fe, y poseyeron la tierra prometida, mientras sus contemporáneos perecieron en el desierto.
Esta contestación humilla el hombre, diciendo que no hay bien en él, que en Adán pecó y por causa del pecado está condenado a la muerte eterna. Dice que el hombre es responsable por su propio pecado, pero incapaz de cambiar su rumbo sin la intervención de Dios. (Fíjense que responsabilidad no iguala a habilidad.)
A la vez glorifica la soberanía, misericordia y justicia de Dios. Nos deja con la pregunta ¿Por qué? ¿Por qué es que Dios actúa así? Delante de Dios nos humillamos y nos maravillamos. El hombre, por naturaleza, es tan torpe y tan ciego y tan testarudo que rechaza toda prueba que Dios es fiel y misericordioso. La maravilla es que Dios ha decidido salvar tales personas.
...según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia,... Efesios 1:5,6
Dentro de lo que podemos comprender la razón que Dios actúa así es su amor. Amor a nosotros, y, en su perfección, amor a su propia gloria. No es egoísmo, porque él ama la perfección entonces ama a su propia gloria, porque él es perfecto. Debe, esforzadamente, amar a su gloria porque la gloria de Dios enaltece su santidad.
El sistema de teología que enfatiza la habilidad del hombre termina glorificando al hombre, fortaleciendo a su ego y nos deja el problema de porque, a pesar de tantas pruebas, los israelitas no tuvieron fe.
El sistema que dice que 'todo es por gracia', que Dios escoge y pone en el hombre el espíritu que tuvo Caleb resuelve el problema del porque el hombre no elige el bien por sí mismo. Porque, según las escrituras, espiritualmente está muerto en su pecado. Nos lleva a maravillar de la gracia divina, de adorar su amor y fidelidad, disfrutar de sus promesas y servirle con temor. Yo, personalmente, prefiero el sistema que me lleva a adorar a Dios. Preguntas hay, pero mis dudas son resueltas confiando en la roca inamovible de la sabiduría divina. Ahí descanso. ¡Gloria a su nombre!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario